
Ya me lo habían advertido que esto de tener un blog no era fácil pero, debo decirlo, para mí es un reto que trataré de llevar hasta las últimas consecuencias. La semana pasada era yo más un alma en pena que una persona y, la verdad, me dejé llevar por el cansancio. No me provocó hacer nada más allá que esas responsabilidades inevitables. Les debo así muchos días de blog. Pero aquí vamos otra vez al ataque.
Ayer fue uno de esos domingos simpáticos en los que quieres disfrutar de algo simple pero delicioso, descansar entre sábanas, no pensar mucho y, por sobre todo, ser el héroe de alguien que, como tú, sabe apreciar lo hecho con cariño, luego de una tormentosa y dura semana, llena de tristeza y conmoción luego de la muerte de una querida amiga.
Y es así como salen a escena mis panquecas, que ya tienen algunos años siendo famosas. Mi esposo es el fan número 1 y sabe pedir muy bien que sea "domingo de panquecas". También le sigue mi hermana. Y es que la sensación de comer panquetas realmente cura el corazón más triste, esa alegría te dura toda la semana, te llena el tanque del cariño y te da, literalmente, el impulso necesario para emprender cualquier cosa.
Las panquetas son en nuestra casa ese sabor a cariño que nos recuerda que seguimos en el fondo siendo niños, necesitando afecto y que ni todo el oro del mundo se compara con algo tan, pero tan dulce y sencillo ¡Aquí va la receta!
INGREDIENTES:
3 huevos
3/4 de cucharita de sal
2 cucharadas de azúcar
3 cucharadas de mantequilla o margarina
1 1/2 taza de leche
1/2 taza de harina de trigo todo uso
PREPARACIÓN:
Coloca todos los ingredientes en la licuadora y mézclalos bien. Mientras tanto, pon a calentar una sartén mediana. Para saber si está bien caliente, chispea una gotas de agua con la mano y si se evaporan al tocarla, podemos comenzar a cocinar. Vierte un punto pequeño de mantequilla o margarina en la sartén y espera a que se derrita. Mueve la sartén de un lado a otro hasta que gran parte de la superficie reciba la mantequilla. Ahora vierte un chorro del líquido de la licuadora en la sartén, no mucho ni poco, y muévela hasta que toda la superficie reciba y empareje la mezcla. Observa cómo se endurece y dora, especialmente en los bordes. Cuando esté firme y nada líquida, prueba separar, cuidadosamente, con un tenedor largo la panqueca de la pared de la sartén. Si despega, jálala sin romperla un poco más e introduce una paleta de cocina por debajo para terminar de separarla; entonces dale la vuelta sin enrollarla.
Estas panquecas quedarán más como crepes, delgadas y suaves. Sírvelas y deja que la imaginación de todos haga lo suyo. Ofrece miel, nutella, sirop de maple, sirop de fresas o mora, helado de mantecado, jamón y queso o lo que se te ocurra para untarlas o rellenarlas y ¡disfrútalas sin remordimientos!

